Pasaron 54 años y Ramón sigue en el mismo lugar, convertido en el referente indiscutido de la zona sur. Su trabajo, su constancia hicieron que, su nombre y su retrato quedaran inmortalizados en una de las paredes de la pizzería bajo la leyenda “Maestro Pizzero – Ramón Loreto”, en un homenaje que reunió a las tres generaciones de fundadores que lo vieron crecer, sus compañeros, familia, clientes y figuras del ámbito cultural y deportivo.
Ramón es el custodio de la receta tradicional de la pizza al molde “directa”, una masa trabajada, con poca levadura, con abundante muzzarella (más de 500 gramos) que se mantiene intacta generación tras generación. En Las Palmas, asegura, “siempre se come la misma pizza”, porque el secreto no se guarda: se transmite.
Gracias a su oficio formó una familia, construyó su casa y crió a sus hijas. Pero el mayor orgullo, dice, es el reconocimiento de sus compañeros y el compañerismo dentro del trabajo. Hoy sigue enseñando a los más jóvenes, convencido de que el legado se sostiene compartiendo.
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