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Se cumplen 32 años de la creación de la Reserva Natural del Iberá

( 16-04-2015 ).-La Reserva Natural del Iberá, en la provincia de Corrientes, es una de las áreas protegidas más extensas del país. Sus 13.000 Km2, representan poco más del 14% de la superficie provincial (sobre un total de 88.199 Km2) comprendiendo a 7 departamentos e involucrando por proximidad y accesibilidad a 9 localidades o pueblos. Su magnificencia escénica dominada por el agua, se describe en ambientes de esteros, bañados, cañadas, grandes lagunas y serpenteantes ríos, los cuales configuran el soporte de una biodiversidad extraordinaria y visible y el entorno de comunidades humanas, cuyos patrones culturales se encuentran fuertemente influenciados por los condicionantes que natura impone.
Debe decirse, que el devenir turístico de los últimos años, generó un
cúmulo de oportunidades para el Iberá. La capitalización de estas
oportunidades, sirvieron de plafón para iniciar un fuerte derrame en
materia de desarrollo local para las comunidades involucradas. Pero
más allá de estos detalles, también debe decirse que los comienzos, el
“empezar a andar turístico” del Iberá, no fue sencillo. La creación de
la Reserva significó un punto crucial en esta historia puesto que
significó la intervención sobre el territorio, con especial énfasis en
el manejo y conservación de sus recursos naturales, cuyos frutos
comenzaron a florecer pocos años después con la restauración de su
fauna conjuntamente con la vastedad de sus panoramas, sus lagunas sin
horizontes y sus interminables vergeles de juncos y embalsados. Sin
dudas que con esto, se lograba la re-creación de un escenario natural
único que consecuentemente sirviera de atractivo fundamental para los
visitantes de todas las latitudes.

Pero cuando esto comenzara tímidamente a suceder a partir de mediados
de los años ´90, surgieron un sinnúmero de debilidades relacionadas
con los servicios y atención de aquellas personas que comenzaban a
llegar a algunos de los varios puntos de visita que posee el Iberá en
su gran extensión. Poder comer o disponer de un lugar para dormir eran
tareas titánicas. Lograr que alguna persona oficiara de “Guía” era
igual o más difícil. Solo en la Colonia Carlos Pellegrini, a orillas
de la laguna Iberá (homónima a la denominación de la reserva y el
parque) se podía disponer de algún tipo de servicio esencial: algún
espacio para una carpa, un par de almacenes para proveerse del algún
fiambre casero aunque los viejos cazadores del estero avenidos en
Guardaparques provinciales, podían ensayar rústicamente algo de sus
sapiencias en alusión a todo aquello que el visitante encontraba.
Obviamente, esa misma rusticidad se fue puliendo con el correr de los
años, hasta llegar al punto de transformar un simple conjunto de
palabras en ideas y mensajes más amplios y efectivos. Incluso se
inició una transmisión oral entre Guardaparques y compueblanos, hecho
que fuera prontamente aprovechado por algunos locales para
convertirlos en conocimientos a ser compartidos con los visitantes que
comenzaban a llegar.

Así se inicia un derrame adicional de beneficios acarreados por el
turismo en la zona. Así se agrega un nuevo elemento a la historia de
desarrollo local promovida por el turismo, que trajera aparejada el
afianzamiento del arraigo a partir de proyecciones laborales novedosas
y originales en el propio terruño, compartiendo lo “propio”. Así
comienza una verdadera escalada valorativa del patrimonio iberano, de
la mano de la jerarquización de las competencias comunitarias y las
llegadas de visitantes cada vez más ávidos de entender más y mejor de
lo que sus “ojos ven”.

Pero también el incremento de visitantes, trajo consigo nuevas
exigencias que desembocaran en nuevos desafíos. La demanda de
servicios comenzó a notarse con más intensidad. Así, en Colonia Carlos
Pellegrini comenzaron a florecer hosterías y algunos otros servicios
turísticos un tanto más complejos. Así, se inicia la multiplicación
del turismo en el Iberá. Ituzaingó comenzó a ampliar su oferta
involucrando el sector norte de la Reserva. Desde San Miguel y
Concepción, a partir del involucramiento de su propia “gente” comenzó
a suceder lo mismo. Desde el paraje Galarza y en función de
inversiones particulares y el soporte de la seccional de
Guardaparques, produjo el mismo efecto.

Desde luego que todos estos efectos, fueron consecuentes de una causa:
el diseño y desarrollo de políticas públicas de parte del estado
provincial para solidificar el turismo que se inicia fuertemente a
partir de 2010. Muestra de ello es la existencia de un Plan de
Desarrollo Turístico Sustentable 2021, el cual a través de sus ejes,
promueve inversiones y capacitaciones en los pueblos involucrados.
Muestras tajantes de tales políticas, son los museos y centro de
interpretación en la localidad de Concepción, la formación de Guías de
Sitio que derivara en la conformación de asociaciones, el apoyo a
emprendedores locales para el desarrollo de sus inversiones como
también la facilitación de líneas crediticias para la ampliación de
sus emprendimientos. Aunque la muestra más tajante está dada en la
creación del Ministerio de Turismo, el cual se consagra a estos
aspectos.

Desde la piedra fundamental de la creación de la Reserva Natural del
Iberá o la ley 3771/83 pasando por otro hito esencial o la conversión
de cazadores en guardaparques, han pasado 32 años. Hoy los desafíos
son cada vez mayores, aunque los esfuerzos de la provincia son cada
vez mayores. La disposición de 8 seccionales de Guardaparques más la
implementación de otras dos más en los próximos meses, dos centros de
interpretación y la incorporación de profesionales al cuerpo de
Guardaparques, han sido muestras concretas de lo hecho y actuado en
los últimos dos años. Y aunque los conflictos e inconvenientes siempre
florecen en proporción a los niveles de actuación, el balance de estos
32 años resulta altamente positivo y alentador para un futuro
turístico en el Iberá, que avizora madurar como “la gran joya
turística de la Provincia de Corrientes”