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“LA PATAGONIA TURISTICA” ANTONIO TORREJÓN *(Asesor Honorario del Min.Tur-2012)

(15-12-2012).-El Ente Oficial de Turismo “Patagonia Argentina”: se encuentra integrado por los Organismos Oficiales de Turismo de las
provincias de La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
Tiene como principal objetivo promover y coordinar la actividad
turística recreativa oficial y privada patagónica, en base a objetivos
y políticas concordantes y concurrentes al desarrollo económico y
social armónico de la región. Los primeros antecedentes de su
formación se remontan al año 1965, pero es en el año 1969 que se
constituye oficialmente la primera entidad regional con estos fines,
siendo en el año 1974 que adquiere su nombre y conformación
actual.Marcelo Echazú
es el nuevo Presidente del Ente Patagonia Argentina.
En Ushuaia se llevó a cabo el acto donde Tierra del Fuego asumió la
conducción del ente regional de turismo por el término de un año.
La renovación de Autoridades en el “Ente Patagonia Turística”, llevado
a cabo el 30/11/12, nos lleva a la necesidad de acentuar esfuerzos,
que claramente el Plan Federal del Ministerio de Turismo de la
Presidencia de la Nación, prioriza.Patagonia, una región
lamentablemente dividida geodésicamente, como lo ocurrido en el
continente africano, con límites antinatura, “geodésicos”, por lo que
debemos procurar en el armado de sus homogeneidades geográficas,
continuidades previsoras de aprovechamientos sustentables que
aceleren y consoliden su transformación, De allí lo que se plantea en
el oficializado “Tesauro”: de las “Comarcas” y los Corredores
Turísticos”.
La Patagonia, en la mayor parte de su geografía de pueblos originarios
nómades, en las últimas décadas con un alto porcentaje de recién
llegados, primera y segunda generación de nacidos, tiene que salir de
cierta cultura de inquilinos para lograr por “identidad” rotulable
como de: propietarios, habitantes que, respetando el lugar de origen y
pudiendo volver a él, se sumen en la búsqueda transformadora de estas
tierras.Con esta composición poblacional no se puede pretender un
“clic” que ponga en marcha mágicamente un deseo unánime de todos: ser
patagónicos, en un espacio territorial de casi un millón de kilómetros
cuadrados.Debemos instalar, primero, la identidad local, la de la
comarca o geografía homogénea , para luego, por entendimiento y
convicción, sumarnos en la geografía en común con los socios de los
“corredores geográficos de las producciones integrables” y por esa
vía pararnos sobre la región.
El ser de un lugar y lograr un sentido de pertenencia se transforma en
algo vital. La identidad pasa a tener el gran valor de las “marcas de
origen”, entre otros factores positivos. Esta recuperación de lo local
con espacios territoriales comarcales lleva a los municipios a
realizar un giro de 180º en el rol a cumplir, transformándose en
articuladores de las dinámicas productivas y de los intereses y
demandas locales en contextos geográficos más amplios que llevan a los
corredores de integración productiva y por ese entrelazamiento a
lograr la estructura figurada de hierro u hormigón que necesita
cualquier edificio de alguna envergadura para mantenerse con la
elemental solidez que aguanta hasta los golpes sísmicos –del nuevo
andar y sus reivindicaciones– y estructurar, a partir de dichas
fortalezas, la nueva región patagónica bioceánica y binacional.

La de integrar provincias en la región es una buena iniciativa para
buscar el “shock” que nos obligue a pensar casi todas las cosas. Pero
esta buena intención no alcanza para desencadenar el cambio, ya que de
alguna manera es como la figura de colocar una escalera y querer que
todos la suban saltando escalones, sin explicaciones ni premios
intermedios al esfuerzo.
El trabajo que me tocó abordar entre 1979 al 2000 en la provincias
Patagónicas a partir de unir pueblos en sus comarcas, de allí a los
corredores, de tratar de instalar en la cultura popular que las
integraciones en la Región superen los paralelos y meridianos,
etcétera, etcétera, no era para contrariar a las autoridades de las
jurisdicciones políticas de lo geodésico (suma de terrenos y predios)
sino una búsqueda de abajo hacia arriba de lo que Dios creó homogéneo
y los hombres, hoy más que nunca, tenemos que ocupar con eficiencia y
actualizada responsabilidad.
En los últimos años nuestro lenguaje cotidiano se ha poblado de nuevos
términos en las búsquedas: de integración, globalización, mercados
comunes, economías informales, desempleo estructural, comarcalización,
corredores productivos, etcétera. Esto marcó el surgimiento de nuevos
problemas y, consecuentemente con ello, la necesidad de elaborar
teorías de inclusión, forzándonos al replanteo de viejas concepciones
y la incorporación de nuevas tácticas posibles, respetando las
jurisdicciones constituidas desde lo político, por supuesto.
El mundo de la globalización, que modificó el paradigma
tecnológico-productivo, los intercambios económicos y los patrones de
localización de las empresas y modificó la capacidad de las
comunicaciones y de los intercambios, a la vez impulsa una
revalorización de los espacios y de la percepción valorizadora de lo
local, las relaciones de buena vecindad asociadas por el interés común
y la búsqueda de referencias inmediatas y de la propia identidad
regional.
En este marco, la temática de la descentralización tiene que ver con
la reforma del Estado, no sólo por un cambio de las dimensiones
macro/micro económico-espaciales sino porque implica transformaciones
en la manera de concebir las instituciones y sus relaciones con la
comunidad. No podemos seguir concibiendo la descentralización como el
instrumento para gestionar mejor los recursos que se transfieren o la
potenciación de los lobbies.
Debe repensarse como el mecanismo que permite el mejor aprovechamiento
de los recursos existentes en el territorio y otros niveles de
organización en los ámbitos provinciales y nacionales, para llegar a
lo regional binacional transfrontera, caso Mercosur.
Este proceso trae aparejado un mayor interés de los ciudadanos en
aspectos cercanos y puntuales, programas de participación de la
sociedad civil, con organizaciones de base, asociaciones
intermunicipales, planificación estratégica a nivel urbano y comarcal,
presupuestos participativos, etcétera.

Todos estos fenómenos están mostrando una novedosa articulación
público-privada, con mayor asociatividad horizontal de municipios
entre sí que lleva a la verdadera integración que sepan ocupar su
geografía homogénea. Sin ahondar en temáticas que forman parte de
otras búsquedas, nos referimos esencialmente a las conclusiones de una
etapa de gestión a realizar a través de consorcios de iniciativas
integradoras, municipios unidos a partir de comarcas homogéneas en la
búsqueda de la construcción de estrategias solidarias que beneficien a
sus iniciativas productivas y, por consecuencia, a sus productos y
protagonistas.
Esta suma de sinergias acelerará los tiempos de concreciones y las
mejores consecuencias, a partir de pueblos que, al identificar
conveniencias, visualizan que los cambios ante la globalización los
colocan frente a las complejidades de la competitividad pero también
de los desafíos de mayores premios si logramos perfeccionar las
ventajas competitivas.·
Debemos recordar en esta aclaración que del hombre de los seis
kilómetros por hora de traslado que se vivió por muchos siglos
(peatón) pasamos desde mediados del siglo XX al “homo mecánicas”, que
vive, se recrea, trabaja y proyecta en no menos de 100 kilómetros de
radio sus rutinas de traslado.
Esto cambió –violentamente la realidad de las jurisdicciones, de allí
la cuestión de fondo que desencadena y la obligación del replanteo
–sin demora de todo. Esto es difícil que lo incorporen los
especuladores (políticos, inmobiliarios, etcétera) que nos rodean y,
en muchos casos, nos manipulan.
(*) Ex ministro de Turismo de Río Negro